Esta pieza se nutre de varios movimientos
como el happening, el fluxus, el arte corporal, el arte performativa y arte
conceptual. El cuerpo es mucho más que el volumen que perfila la piel, sino que
es un lugar que se puede ampliar fuera de sus propios límites físicos
convirtiéndolo en experiencias ilimitadas. La presencia del cuerpo se construye
en relación con este flujo de ampliación de la presencia y la no presencia a
través de la proyección; tanto interna como externa a partir de la extensión
del cuerpo físico producido por las relaciones que se producen entre la pieza,
el cuerpo, la huella, la luz y las nuevas formas que se generan. La acción
performativa dependerá del individuo y de su identidad. Entendiendo la huella
plasmada y proyectada, como parte de una individualidad del ser y una extensión
de este. Una impronta de un instante, que, aunque es inmutable por estar ligado
a un momento concreto, no existieran dos iguales. Por consiguiente, en la
acción me refiero a la huella como constructora y mediadora de la identidad, y
del mismo modo, está implícito al concepto huella la esencia de un
identificativo que vincula a un individuo con la presencia y la no presencia.
El cuerpo como una herramienta que deja huellas a su paso por el mundo, restos
innatos del ser, en búsqueda de expandir su ser.
En el que en el espacio y en el momento
se genera una nueva dimensión corporal e identitaria. Interfaces de luz que
cuestionan los límites y al ser, para ampliar el pensamiento. Las proyecciones
y las sombras vistas como un fenómeno efímero que toca y modifica al individuo,
así como el lugar que ocupa, resignificando el espacio. El concepto ayuda a
crear conexiones sensoriales con uno mismo y cómo cohabita. Una acción que
generara una experiencia a través de la extensión y la observación
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